A LOS HECHOS ME REMITO

Todos los involucrados en las reuniones debemos saber cuál es el procedimiento a seguir, en conjunto con autoridades, pues todos estamos expuestos a vivir en carne propia una situación de emergencia.

Un tema de gran importancia e imperante tener en mente, es la manera de enfrentar situaciones inesperadas a causa de fenómenos naturales o sociales, en cualquier destino. Todos deberíamos saber cómo enfrentar el impacto negativo a la actividad turística, a la economía e industria local, y por supuesto a las reuniones e incentivos.

A nivel federal existe el conocido Plan DN-III en el cual los miembros de las Fuerzas Armadas de México operan acciones específicas coordinadas para atender situaciones de crisis y afectaciones por eventos naturales, el cual incluye el apoyo a la actividad turística. Algunos de los esfuerzos se centran en brindar información a los mercados receptivos sobre la situación de los destinos.

Por otro lado, dependencias de gobierno, a través de sus áreas de comunicación social, también difunden información precisa y oficial para enterar a la población sobre la realidad que afronta el destino. Pasado el momento de crisis, a menudo esto se convierte en parte de la estrategia de promoción para ayudar a recuperar los mercados afectados; un ejemplo fue el caso de Los Cabos con el slogan “Unstoppable”, que tuvo eco a nivel internacional y un efecto positivo. Sin embargo, estas acciones no son suficientes ante una crisis.

La Secretaría de Turismo federal, en coordinación con gobiernos estatales y municipales, propone acciones que contribuyen a minimizar el impacto de crisis en destinos que se hallan en desgracia por fenómenos naturales. A esto se suman acciones de la iniciativa privada a fin de evitar mayores efectos económicos. Tal vez no todos en la industria de reuniones sabemos esto pero, en la mayoría de los casos de crisis en destinos turísticos, gobierno e iniciativa privada participan en la evaluación de infraestructura turística afectada, apoyan a viajeros para retornar a sus lugares de origen, dan seguimiento a postulaciones que pueden perderse y auxilian a meeting planners con eventos en riesgo de cancelación.

Además, los recintos actúan como albergues, algunos hoteles apoyan a sus clientes (hasta donde la situación se los permite), las aerolíneas otorgan, sin costo, cambio de fechas o envían alimentos para damnificados. Las asociaciones de reuniones empiezan a sumarse recientemente en esta dinámica de manera muy proactiva y organizada. Prácticamente todos los actores de la cadena de valor aportan y saben qué tienen que absorber el efecto económico ante la crisis. Pero a pesar de estas buenas acciones hasta el día de hoy no existe un Gran Plan de Contingencia Turística y para la Industria de Reuniones. Por ello pongo sobre la mesa la urgencia de crear un plan de crisis integral para la industria a nivel nacional y en cada destino, independientemente de que existan acciones muy concretas en el ámbito turístico.

Destinos, asociaciones, hoteles, organizadores de eventos y todos aquellos involucrados en la industria, debemos saber perfectamente quién coordina las acciones ante una emergencia, qué debe hacer un expositor, un congresista o quien lidera un grupo de 500 participantes; cuál es el plan de acción del gobierno, si es que existe uno, cuáles son los números de emergencia, etc. Las respuestas a estas preguntas deben plasmarse en un documento con la finalidad de que todos, como en una orquesta, sepamos cómo actuar y lo hagamos de manera organizada. Deseo estar equivocado y que ya exista un plan integral de contingencia para la industria de reuniones.