EL SÍNDROME DE LA SILLA VACÍA…

Según el último estudio de Harvard Business Review, debido al presentismo las empresas pierden más 150 bdd al año.

Por: Gustavo Armenta 

El nombre de este síndrome no deja de ser curioso: la “Silla Vacía”. Y puede tener varias connotaciones, incluso políticas, como tener la percepción generalizada en la población de que un presidente ha desaparecido, como ocurrió con Enrique Peña Nieto desde las elecciones del 1 de julio.

Aunque no necesariamente por esto, es muy probable que todos lo hayamos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Los psicólogos le llaman así a ese sentimiento de tristeza profunda o hasta desolación que padecemos ante la muerte de alguien cercano, o por el fin de una relación amorosa. El afectado mira con pesadumbre la silla vacía donde debería estar quien se añora. Por tales razones, cuando este síndrome aparece temporal o crónicamente se traslada al ámbito laboral, afectando la productividad de los empleados y, por lo tanto, a las empresas.

Sin embargo, hay quienes acusan este síndrome por otras razones que no tienen nada que ver con lo médico, y estoy seguro que todos conocemos uno… ¡o varios!, y son aquellos que hacen como que trabajan mucho, pero en realidad sólo fingen, tratando de pasarse de listos. Estos afectan mucho más el rendimiento laboral que los primeros, y en ellos a este síndrome se le llama “Presentismo laboral”.

En un artículo publicado en su página web, la empresa de consultoría mexicana SH Sistemas Humanos, asegura que para una compañía no es fácil detectar a un empleado presentista, ya que al contrario de lo que realmente es, parece un trabajador modelo: nunca falta a la oficina, suele exceder su horario laboral y aparenta tener una gran carga de trabajo, pero en realidad su desempeño es muy deficiente y sus contribuciones nulas.

“Para una compañía el presentismo es 300% más costoso que un día de falta.”

Quality Life Management

SH precisa algunas características de estos colaboradores mañosos, para que los detectes:

  • Suelen quejarse de la enorme carga de trabajo que tienen, independientemente de los ciclos del negocio, de alta o baja actividad.
  • Tienen dificultades para concentrarse y realizar sus actividades correspondientes.
  • Son dispersos, siempre están yendo por un café, saliendo a fumar o están en sus redes sociales.
  • Frecuentemente opinan que todo está mal pero no plantean soluciones para mejorar.

En el artículo, firmado por Sandy Cruz, se advierte que este fenómeno puede generar consecuencias para una compañía, como disminución de la productividad, daños en la salud de los trabajadores y hasta crear un ambiente propicio para la transmisión de enfermedades. En muchas ocasiones puede pasar también que los colaboradores no estén en condiciones de asistir a su trabajo –por alguna pérdida familiar, enfermedad, problemas personales o legales, entre otros– y por miedo a perderlo se presenten, pero sin tener un buen desempeño.

“Las empresas han logrado identificar que este problema es más grave que tener ausentismo, ya que la productividad disminuye y llega a generar más gastos”, sostiene.

¿CÓMO ENFRENTARLO?

Para combatir este síndrome, SH enlista siete acciones que deben implementar las empresas:

  1. Impulsa la comunicación entre los empleados.
  2. Intercambia ideas con tu equipo al menos dos veces al mes, de esta manera conocerás qué les preocupa o duele, y cómo plantear estrategias para evitar esta práctica.
  3. Establece horarios flexibles para que cuando un empleado tenga algún contratiempo personal, pueda llegar más tarde.
  4. Considera la opción del home office.
  5. Establece objetivos mensuales de trabajo, ofreciendo incentivos económicos o emocionales.
  6. Enfoca a los trabajadores en el logro de resultados, más que en tareas concretas.
  7. Fomenta un ambiente creativo en la oficina.

SH asegura que, de acuerdo con su experiencia como consultoría, “los colaboradores felices, reconocidos, motivados y que laboran en un buen ambiente, son mucho más eficientes”.