MASTER PLANNER - WEDDING PLANNER

 

Al recibir la propuesta para narrar alguna experiencia de candidatura halloweenesca, vinieron a mí escenas de presentaciones en donde sientes ese miedo “sabroso” que nos gusta a los masoquistas; entonces recordé una de mis postulaciones más “tenebrosas”, la del Congreso Mundial de Medicina Interna, ganada en 2014 para realizarse en 2020.

Experimento algo mágico al empezar a escribir esto, me traslado a una época maravillosa de mi vida, a esa que no importa en qué rama de la industria esté, siempre voy a querer regresar: las candidaturas.

Esta es la historia de una candidatura que se intentaba por tercera vez, dos destinos mexicanos  habían participado anteriormente dejando el corazón en el camino y regresando a casa sin la victoria. Nuestra contraparte también venía de ver a sus dos predecesores intentarlo, sin éxito. Después de un exhaustivo análisis FODA decidimos adentrarnos a esta “Casita del Terror”, en equipo: destino, contraparte, agencia y recinto tomados de la mano de las experiencias anteriores. En la mochila llevábamos el kit de supervivencia: bidding book, presentación, videos y sobre todo una buena dosis de motivación.

El primer susto vino en forma de reloj: estábamos tarde. Necesitábamos enviar carta de interés y preliminar de propuesta en un par de semanas. Corrimos, esquivamos contratiempos y entramos a la segunda sala de la “Casita de los Sustos”; ahí enfrentamos a diferentes fantasmas, unos atacaban la seguridad interior al saber que la competencia hablaba con fluidez el idioma de la presentación; otros embestían la estrategia al saber que la competencia venía con el apoyo económico de un país de primer mundo; algunos monstruos nos asustaban dejándonos ver su recinto de primer nivel, sus patrocinios gubernamentales y su factor de destino exótico.

Entonces nos agarramos de la mano en grupo y ensayamos el discurso, nos volvíamos cada vez más críticos con el material de apoyo y, trabajando duro, llegamos a la presentación, momento en el que los nervios hicieron que la luz del reflector fuera más cegadora, pero nunca dejamos de avanzar.

En el camino nos fortalecimos pues durante los dos días previos a la exposición habíamos hecho una labor maratónica de comer, platicar y saludar a todos los votantes. Habíamos hecho la tarea. Conocíamos los estatutos de la sociedad. Se habían formado bloques continentales para llevar a cabo la votación, contábamos con un par de votos proxy a nuestro favor. Y sí, el miedo más grande no es aquel que viene de afuera, sino el que está dentro de ti al momento de plantarte en un escenario para hablar de tu país. Ese miedo que nace justo en el mismo lugar de donde emerge la pasión, el orgullo y amor por México, ese que te hace levantarte para cantar Cielito Lindo y sentirte orgullosamente mexicano. Ese sentimiento que le dio sazón a una presentación objetiva, ese fuego que selló el trato para los indecisos y que logró inclinar la balanza 60% - 40% para finalmente otorgarle la victoria a México.