I LOVE POUTINE

Este destino se lleva a casa no sólo en la mente, como un grato recuerdo, sino también en el estómago, por los kilitos más que te acompañan de regreso.

37

Salones

7,881

metros cuadrados para reuniones

37

metros cuadrados de espacios abiertos

372

metros cuadrados para expos

Sólo había dado unos cuantos pasos al interior de la habitación 1922 del Fairmont The Queen Elizabeth cuando un olor familiar y seductor me ataca de golpe, cual león agazapado hace con su presa. El aroma hacía muy bien su papel de carnada llevándome lentamente hacia la trampa que había sido plantada sobre la mesita del fondo: ¡Un platón con chocolates! La emoción me invade y es entonces cuando la gula aniquila mi fuerza de voluntad. Así empieza mi recorrido por Montreal, un destino donde la glotonería ha sido usada como su mejor arma para atraer al turista, y la táctica en verdad que funciona.

El primer “golpe” a la dieta había sido certero, pero no sería el único pues este legendario hotel construido a finales de los años 50  ̶ y que en otoño de 2017 recibiera su más reciente “manita de gato” ̶  había guardado su mejor artillería para el momento de la cena, la escena de “la masacre al intestino” fue el Rosélys Bistronomie, de apariencia elegante y seductora, tal como luciera Fred Astaire, interpretando su papel en “La alegre divorciada”.  

Este restaurante es más certero en la primera estocada si el convite presenta tintes grupales, ya que en el afán del meeting planner por presentar ampliamente la gastronomía propia del destino, puede recurrir a la vieja y conocida estrategia de guerra de poner los platillos al centro y que cada quien elija lo que se llevará a la boca, que a simple vista parece inofensiva pero que al final los glotones pagarán los platos si se excedieron en las porciones.

LA CÁPSULA DEL TIEMPO