EL MOMENTUM DE LAS EXPOS EN MÉXICO

Nunca como hoy el gremio de las exposiciones había cerrado filas en torno a su profesionalización, ¿será que por fin las condiciones se han dado para potencializar esta actividad como motor económico global?

¿Qué pasó en los últimos años en México que de repente los actores globales de la industria de exposiciones se dieron cuenta que había que invertir, comprar eventos, arrancar operaciones y hacer alianzas para entrar al país?

¿Qué provocó que las organizaciones de la industria acudieran a la convocatoria que hiciera la asociación nacional de este sector (AMPROFEC) y cerraran filas con nosotros en un evento inédito con programas paralelos de al menos cuatro de ellas? Y sobre todo, ¿qué pasó con aquella predicción fatalista de que las plataformas en línea y la transformación digital golpearían a los eventos presenciales?

Las respuestas obedecen a una diversidad de factores entre los que destacan: la apertura del sector energético del país, las demás reformas estructurales realizadas (o arrancadas) en la administración que está por concluir, la intensificación de la apertura comercial (por ejemplo, ante la actividad provocada por la Alianza del Pacífico), el proceso de renegociación del TLCAN (o como ahora se denomine), la diversificación de mercados, la promoción de inversiones y exportaciones realizadas por instituciones como ProMéxico, y de manera muy importante: la consolidación de nuestro hardware (centros de convenciones por todo el país perfectamente equipados) y software (la enorme cantidad de ejecutivos y operadores certificados en materia de exposiciones y administración de recintos).

Vale la pena seguir enfatizando en la relevancia económica, social y educativa de esta industria. Las exposiciones son un motor económico crítico a nivel local y global, que genera ingresos para negocios, creando oportunidades de empleo e impulsando conexiones comerciales y ventas. Estas contribuciones van más allá del evento en sí pues los asistentes generan ingresos en las ciudades anfitrionas al utilizar proveedores que van mucho más allá del sector de la hospitalidad y el turismo, y consumir en las localidades.

El gasto de los expositores y asistentes a los eventos ayuda a generar empleos temporales y permanentes que incluso impactan audiencias fuera de la demografía de la fuerza laboral local tradicional, como personas mayores y con capacidades diferentes, así como estudiantes.

En términos de medición de impacto de una exposición B2B, a la derrama por consumo de servicios sumemos las operaciones mismas que se generan en cada sector económico que corresponde al evento, ya que las exposiciones ayudan a las empresas a obtener acceso a clientes potenciales; así, en plataformas de conexión personal se descubren ambas partes de la fórmula de ventas bajo un mismo techo.

Entre los beneficios intangibles de las expos están la importación de conocimientos, la creación de redes, el fomento al emprendedurismo (micro y pequeñas empresas) y la oportunidad de discutir acerca de las nuevas tendencias en cada industria.

Hay que seguir empujando este sector vital para la diversificación de mercados en diferentes giros, puntal en la profesionalización de la planta productiva y motor de desarrollo de ciudades enteras que empiezan a depender tremendamente de la actividad comercial que se genera dentro de sus recintos. Es hora de que se reconozca su valor por instituciones económicas y turísticas para que en sinergia total se sigan apoyando iniciativas como el maravilloso congreso de AMPROFEC.