IDENTIDAD UNIVERSAL

Los algoritmos de reconocimiento facial serán muy útiles en la era post-covid.

Por: Alejandro Valdés Calderón

Teseo volvía de la Isla de Creta, después de múltiples proezas. El regreso era un viaje largo y su barco había enfrentado miles de batallas, por lo que pronto comenzó a deteriorarse, sufría constantemente de averías que requerían cambiar sus tablones por aquellos en la bodega e ir reemplazando sus piezas con aquellas que iban comprando durante su camino. Al final del viaje, todas las piezas del barco habían sido reemplazadas en su totalidad y, cuando en el puerto le preguntaron a Teseo: “¿qué tal el viaje en tu barco?”, se preguntó si realmente era aún su barco, o no, al estar totalmente reconstruido.  

Esta es “la paradoja de Teseo”, y es una de mis favoritas. Cuestiona el milenario problema de La Identidad, aquello que hace que una cosa “sea” ella, o bien, que una persona sea la misma que conocemos, a lo largo del tiempo. ¿Qué pasaría si aplicamos esta paradoja a una persona? Cual hombre bicentenario de Asimov, pero al revés, podríamos ir reemplazando cada una de nuestras partes biológicas por otras mecánicas, ambos brazos y piernas, órganos, cerebro, todo; entonces, ¿al final seríamos la misma persona? 

Encuentro la demostración de identidad en la confiable prueba del tiempo. Cuando uno se va, cuando abandona, y muchos, pero muchos años después se reencuentra con aquellos que le conocían, no basta el nombre para que nos identifiquen, y antes de llegar hasta las anécdotas que juntos vivieron, la mente de aquellos que conocimos se esfuerza al máximo por recordarnos mediante una sola, simple y elegante prueba: nuestro rostro.  

Reconocimiento facial

Ya nada de nosotros es lo mismo que hace 7 años. Todas nuestras células se han regenerado, nuestro cabello, piel, uñas, incluso vivencias y experiencias, han cambiado. Nuestro rostro también, pero ha tenido más bien una metamorfosis y ese cambio es aún calculable por los demás para saber que nosotros somos nosotros. Ahora, no solo las personas lo pueden determinar, también las máquinas.

Minuto con minuto, los algoritmos de reconocimiento facial se van haciendo más complejos, más robustos y permiten transformar nuestro rostro a datos que las máquinas entienden, transmiten o almacenan para saber que, nosotros, con cierta metamorfosis, somos nosotros. Esta tecnología cobrará relevancia especialmente en el mundo post-covid, donde ser identificado de forma automática al llegar a un recinto, sin necesidad de tocar nada ni hablar con nadie, puede ser muy valioso para evitar contagios. Entre otras ventajas, la identificación facial podría ir más allá y detectar edad, género, emociones e incluso estados de ánimo para enriquecer la experiencia de los visitantes a un evento.  

Bastará entonces portar aquello que nos puede identificar, incluso aunque hayan reemplazado todos nuestros tablones en el viaje, es decir, nuestro rostro. Eso sí, dejándole ver brevemente a la máquina nuestro rostro detrás del cubrebocas. 

Alex Valdés Conventio

Alejandro Valdés

Ingeniero en sistemas y psicólogo. CEO de Conventio, empresa especializada en tecnología para eventos. 

conventio.co 

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