TIPS PARA UNA MEJOR CULTURA ORGANIZACIONAL

¿Debe preocuparnos cuando nuestros colaboradores dejen de preguntar?

“If you want the answer—ask the question”, Lorii Myers 

Mi hija Emma inició sus cinco años de una manera fascinante. Mientras la veíamos crecer y decir las cosas con más propiedad llegó a una nueva etapa que nos sorprendió a todos: la época de las preguntas. 

Comenzó a preguntar acerca de todo: desde cuestiones de física, biología, lenguaje y hasta de filosofía (aun cuando no tiene idea de lo complejos que pueden ser sus cuestionamientos). Su campo favorito es: matemáticas y cálculo. 

En el libro A More Beautiful Question: The Power of Inquiry to Spark Breakthrough, de Warren Berger, en un pasaje cita a Alison Gopnik —Phd, Development Psycolochist— con la gran acertada frase: “Los niños son la división de investigación y desarrollo de la especie humana”. 

¿Debe preocuparnos cuándo niños y colaboradores dejen de preguntar?

Si a los niños se les permite hacer sus investigaciones, preguntas y diferentes formas de experimentación sin estar cargados de instrucciones, su desarrollo creativo y curioso será enorme. Es evidente que el proceso de hacer preguntas va disminuyendo conforme vamos cumpliendo años. 

A nivel académico, en mis 16 años de experiencia como docente en educación superior he observado y comprobado con colegas tanto en Ecuador como en otros países de Latinoamérica, que menos del 10% del alumnado hace preguntas. En el caso de maestría, el resultado se eleva a 18%. El resto se refugia en el anonimato. De ese 10% que llega a preguntar tan solo un 40% hace preguntas posteriores. 

¿Necesitamos gente curiosa? Sí, siempre 

Es impresionante ver cómo un niño hace entre 200 a 300 preguntas al día, pero un adulto no llega ni a la décima parte de esto. El problema no radica necesariamente en la cantidad de preguntas que se hacen sino en las respuestas que se encuentran, y si estas son lo suficientemente inspiradoras para seguir preguntando. 

A nivel empresarial, en casi 20 años de consultoría he podido determinar un patrón similar.  Dentro de los procesos de cultura organizacional y valores no se considera un plan, actividad o iniciativa que involucre buscar que los empleados hagan más preguntas y aporten. Parece que a los jefes tampoco les importa o les interesa que se cuestione, y que la curiosidad sea un valor compartido en la empresa. 

¿Debe preocuparnos cuándo niños y colaboradores dejen de preguntar?

“Como adultos hemos aprendido por error a dejar de hacer preguntas, aunque es la clave fundamental para abrir las puertas no sólo al conocimiento sino a la sabiduría”, Lauren O´Donnel, Great Place to Work. 

Los empleados que dejan de hacer preguntas lo hacen principalmente por: 

❓Miedo a preguntar 

❓Miedo a la respuesta 

❓Miedo a la persona a quien dirigen la pregunta 

❓No tener tiempo 

❓Estar completamente abrumados (de trabajo) y, por consiguiente, no querer (deliberadamente) meterse en un problema adicional 

❓No tener canales de comunicación apropiados 

❓Sentir que pierden  

❓Tener un jefe poco inspirador 

“Los líderes que están dispuestos a escuchar aprenden exactamente cómo demostrar a su gente que se preocupan por ellos”, Steve Keting. 

¿Debe preocuparnos cuándo niños y colaboradores dejen de preguntar?

Curiosamente, la razón que mayormente ocurre es que los jefes no permiten (consciente o inconscientemente) hacer preguntas debido a que: 

❔Generan un ambiente poco seguro 

❔La confianza que se les tiene es limitada 

❔Crean relaciones extremadamente políticas y distantes 

❔Existe una cultura organizacional densa, impenetrable y celosa; entre otras causas 

En un estudio de Interact publicado en officevibe.com —616 gerentes a través de Harris Poll— dijo que el 69% se siente incómodo al comunicarse con sus empleados y un 37% se siente de la misma manera al dar feedback sobre el desempeño. 

“Muchos gerentes les pagan a sus empleados para que piensen como ellos”, Dave Marcun, en Business Think. 

Debido a esta incomodidad, ¿los gerentes, jefes o líderes están reduciendo la oportunidad de escuchar las preguntas de sus empleados y de responder sus inquietudes y/o sacar ideas novedosas para ser implementadas en los procesos diarios de generación de valor? 

“A la gente se le ha enseñado a pensar para satisfacer las necesidades de la era industrial, no de la era post industrial. Debemos equipar a las personas con nuevas destrezas de pensamiento”, Gary Hammel.  

Muchos empleados sienten que preguntar es como cuando te acorralan jugando “gato”, cualquiera que sea tu movida, la decisión ya está tomada, sabes que vas a perder y no tiene caso aportar más a futuro. Este tipo de jefes, poco inspiradores, deterioran el compromiso y la capacidad de generar más cuestionamientos que permitan el aprendizaje conjunto. 

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¿Qué sucedería si dejo de responder a las preguntas que hace mi hija (por más absurdas o complicadas que parezcan)? ¿Cuál es el efecto de no darle la oportunidad de que pregunte? ¿A dónde va esa curiosidad si no hay espacios para cuestionar? ¿No será momento de dejar de lado la típica organización y sistema jerárquico tradicional en el que las personas tratan de pensar y alinearse a sus jefes, en lugar de adecuarse a lo que busca la organización? 

Redirijamos la curiosidad no solo al mercado–cliente sino a nuestros colaboradores, escuchando y tratando de responder a sus preguntas. Generemos un ecosistema co-creativo sin precedentes. ¿Debe preocuparnos cuando los niños y nuestros colaboradores dejen de hacer preguntas? La respuesta es un SÍ definitivo. 

Cultura organizacional: preguntas