Por: *Michel Wohlmuth
El Mundial en México terminó, ahora hablemos de números. Durante meses, la conversación giró alrededor de estadios, visitantes, ocupación hotelera y derrama económica, hoy es posible poner esas cifras en perspectiva y compararlas con otra industria que lleva décadas generando riqueza para México, y muy pocos lo saben o les interesa: la Industria de Reuniones.
Cuando esa comparación se hace con datos, surge una pregunta incómoda: ¿Por qué México destina una enorme capacidad institucional a un evento extraordinario y, al mismo tiempo, mantiene prácticamente invisible a una industria que genera valor económico todos los días del año? La respuesta no tiene que ver con el fútbol. Tiene que ver con nuestras prioridades.

El Barómetro de la Industria de Reuniones
Señala que este sector aporta, de forma permanente, alrededor del 1.85% del PIB nacional. En contraste, el impacto económico atribuido al Mundial representó apenas entre 20 y 30 puntos base del crecimiento del PIB, es decir, entre 0.2% y 0.3%.
¿Qué mueve más?
Durante meses, el Mundial movilizó recursos públicos, infraestructura, seguridad, promoción internacional, coordinación entre los tres niveles de gobierno, adecuaciones urbanas, protocolos operativos y una capacidad institucional pocas veces vista. La Industria de Reuniones, en cambio, produce riqueza con mucho menos protagonismo, sin despliegues nacionales ni campañas permanentes.
Y no se trata de cuestionar la realización del Mundial. Sería absurdo hacerlo. Los grandes eventos deportivos proyectan la imagen de un país, generan orgullo colectivo y producen beneficios que trascienden lo estrictamente financiero. Lo que sí merece revisarse es la desproporción entre el nivel de atención que recibe un evento temporal y el que recibe una industria permanente.
Porque mientras el Mundial es una extraordinaria excepción, la Industria de Reuniones es una máquina económica que trabaja los 365 días del año. Cada congreso internacional atrae visitantes con uno de los mayores gastos promedio del sector turístico:
- Cada convención genera cadenas de suministro
- Cada exposición comercial acelera inversión, innovación y transferencia de conocimiento
- Cada evento corporativo activa hoteles, recintos, empresas audiovisuales, transportistas, restaurantes, proveedores especializados, talento local y cientos de pequeñas y medianas empresas, y lo hace semana tras semana.
Otro dato que merece atención
Una parte importante de la derrama del Mundial nunca permaneció en México. Derechos comerciales, regalías, licencias e importaciones especializadas provocaron una fuga cercana a los 969 millones de dólares, alrededor del 16% de la derrama económica estimada.

IdR y su efecto multiplicador
En la Industria de Reuniones sucede algo diferente: una proporción significativamente mayor del gasto permanece dentro de la economía local, distribuyéndose entre hoteles, proveedores, organizadores, recintos, servicios y empresas nacionales. Es una economía con un efecto multiplicador que beneficia a miles de negocios en prácticamente todo el país. Quizá esa sea la mayor diferencia entre ambos modelos: el Mundial concentra atención y la Industria de Reuniones distribuye al desarrollo. Y esa diferencia debería importar mucho más cuando se diseñan las políticas públicas.
Reto mayor
El desafío para México no consiste en atraer un mega evento cada cuatro años sino en construir una estrategia que fortalezca los sectores capaces de generar crecimiento sostenido. Mientras otros países compiten por atraer congresos científicos, convenciones internacionales, eventos tecnológicos y ferias globales como parte de su estrategia de competitividad, México sigue viendo este sector principalmente como hotelería y ocupación de salones. Es una visión demasiado pequeña para una industria demasiado grande.
Una de las enseñanzas más importantes que deja el Mundial es que, cuando México decide convertir una actividad en prioridad nacional, tiene la capacidad de coordinar instituciones, acelerar inversiones, simplificar procesos y movilizar voluntades. La pregunta es: ¿qué pasaría si esa misma capacidad institucional se destinara a fortalecer una industria que genera riqueza, conocimiento, inversión y empleo especializado durante los 365 días del año? Tal vez dejaríamos de perseguir espejismos económicos de corta duración para apostar por uno de los gigantes más rentables y menos valorados de la economía mexicana.
*Director de Innovación en PC People. Expresidente del Consejo Mexicano de la Industria de Reuniones (COMIR). Desde hace más de tres décadas apoya a líderes, organizaciones y gobiernos, a usar las reuniones y experiencias en vivo como herramientas estratégicas.






