Las reglas del juego en los eventos están cambiando y las experiencias están por encima de los destinos. Lo que está ocurriendo en el turismo —y particularmente entre las nuevas generaciones— empieza a filtrarse con fuerza en la industria de reuniones, donde planners, clientes y asistentes están replanteando qué significa realmente “asistir” a un evento.
Un reciente informe de Arival confirma una tendencia que los organizadores ya perciben en campo, los viajeros estadounidenses están reduciendo el número de viajes, pero incrementando su gasto en experiencias. No se trata de hacer más, sino de elegir mejor. Y esa lógica ya impacta directamente en cómo se diseñan congresos, incentivos y encuentros corporativos.
La experiencia como punto de partida
Para tres de cada cinco viajeros, las experiencias son un factor decisivo al elegir un destino. Entre los 18 y 34 años, este porcentaje se dispara: el 76 % prioriza lo que puede vivir por encima del clima, la gastronomía o incluso el atractivo general del lugar. Este cambio generacional redefine el brief desde el inicio. Ya no basta con una sede bien ubicada o un hotel funcional. El contenido vivencial se convierte en el verdadero imán.
En clave MICE, esto obliga a replantear agendas. Las sesiones tradicionales pierden terreno frente a formatos inmersivos, recorridos personalizados, actividades con anfitriones locales o propuestas temáticas que conecten con intereses específicos. El evento deja de ser un contenedor y se convierte en una narrativa.

Menos viajes, mayor inversión estratégica
Aunque el gasto promedio por viaje mostró una ligera baja en 2025, el presupuesto destinado a experiencias aumentó en todas las categorías. Las generaciones más jóvenes, en particular, están invirtiendo más por actividad que los segmentos mayores. Traducido al terreno de reuniones, esto abre una ventana clara: menos eventos, pero con mayor profundidad, curaduría y valor percibido.
Para planners y venues, el reto no es llenar agendas, sino justificar cada momento. Cada bloque del programa debe tener sentido, provocar algo o generar una conexión tangible. La sobrecarga de contenido pierde fuerza frente a experiencias bien diseñadas.
El fin del “lo vemos allá”
Otro dato relevante es el cambio en los tiempos de decisión. Más del 80 % de los viajeros reserva experiencias al menos un día antes, rompiendo con el hábito de improvisar en destino. Además, uno de cada cuatro menores de 35 años gestiona estas reservas desde su móvil.
Este comportamiento tiene eco directo en la industria de reuniones. La anticipación y la claridad en la oferta se vuelven críticas. Los asistentes esperan visualizar desde antes qué van a vivir, cómo se integran las actividades y qué valor les aportarán. Las plataformas digitales, la narrativa previa al evento y la facilidad de registro móvil dejan de ser opcionales.
Nuevas categorías, nuevas expectativas
El informe también apunta a una diversificación en la demanda. Aunque el sightseeing se mantiene sólido, crecen con rapidez las experiencias culinarias, los formatos inmersivos, las actividades con anfitriones locales y los recorridos temáticos. Este abanico refleja un cambio de fondo: el interés por conexiones más auténticas, personales y memorables.
En el entorno MICE, esto se traduce en agendas híbridas donde lo local cobra protagonismo, donde la personalización escala y donde el asistente deja de ser espectador para convertirse en parte activa de la experiencia.

El segmento premium gana terreno
Los viajeros de mayor poder adquisitivo son los únicos que prevén aumentar su número de viajes en 2026. Su resiliencia frente a la incertidumbre económica los posiciona como un segmento clave para propuestas premium, privadas o con componentes VIP.
Para la industria de reuniones, esto implica una segmentación más afinada. No todos los asistentes buscan lo mismo, y diseñar experiencias diferenciadas ya no es un lujo, sino una estrategia.
Las conclusiones del estudio serán parte de la conversación en encuentros como Arival 360 Valencia y Arival 360 Brisbane, donde se analizará cómo estos cambios están reconfigurando el ecosistema global de experiencias.






