
Por: Eduardo Chaillo, CMP, CMM, CITE, CASE*
El fenómeno del nearshoring está redefiniendo el tablero económico global. Empresas de todo el mundo evalúan reubicar operaciones más cerca de Estados Unidos, y México, junto con varios países de América Latina, aparecen como destinos lógicos. Sin embargo, estar bien ubicados en el mapa no garantiza nada.
La industria de reuniones tiene un rol crucial —y poco reconocido— en esta carrera. Puede facilitar, acelerar y amplificar los beneficios del nearshoring, o quedar relegada, atrapada en una narrativa inofensiva, mientras otros sectores se adueñan del momento.
Una coyuntura que no se repetirá
Estados Unidos quiere reducir su dependencia con Asia en sectores estratégicos. Esto abre una ventana única para América Latina, pero no estará abierta para siempre. La región compite no sólo entre sí, sino con Europa del Este, el sudeste asiático y con estados dentro de EE. UU. que ofrecen certidumbre total.
¿Dónde entra la industria de reuniones?
En el corazón del proceso. No como espectadora ni beneficiaria indirecta, sino como plataforma funcional para:
• Acelerar la integración económica. Congresos, foros y ferias sectoriales bien enfocados pueden articular cadenas de valor, visibilizar a proveedores locales y generar alianzas estratégicas.
• Facilitar la instalación de nuevas empresas. La llegada de una firma extranjera requiere decenas de reuniones con gobiernos, universidades, clústeres, contratistas y operadores logísticos.
• Posicionar a los destinos con visión productiva. Ser sede de congresos especializados en industrias clave, es una señal poderosa hacia el exterior. Las inversiones siguen la inteligencia y los eventos bien organizados la proyectan.
• Recomponer confianza internacional. En un momento donde algunos países envían señales contradictorias al capital extranjero, los eventos son espacios para reconstruir credibilidad.
¿Qué se necesita para cumplir ese rol?
1. Interlocución directa con agendas de desarrollo económico. La industria de reuniones no debe esperar a que “le caigan” los eventos. Tiene que sentarse en la mesa donde se diseñan políticas de atracción de inversión, educación técnica, infraestructura y promoción internacional.
2. Alineación con sectores productivos prioritarios. Los destinos deben enfocar su energía en atraer reuniones vinculadas a industrias objetivo.
3. Inteligencia de entorno y lectura geopolítica. Hay que detectar tendencias, movimientos de empresas, tratados comerciales, tensiones regionales, etc., y convertirlos en oportunidades.
4. Profesionalismo absoluto. Si un foro internacional llega a un destino y encuentra improvisación, burocracia o falta de visión, difícilmente regresará.
La IdR puede ser parte de la solución
Este es un momento bisagra. O la industria se conecta con las decisiones estratégicas del país y ayuda a sostener el interés global en América Latina, o pierde relevancia y peso. Hay una manera de incidir: generando plataformas para el diálogo, la inversión, innovación y cooperación. No es un trabajo de back-office o gabinete, es un papel central en el presente económico de la región.
La industria de reuniones puede ser el espacio donde América Latina muestre al mundo que está lista. Tenemos todos los ingredientes, la personalidad y el “momentum”, pero nos tenemos que apurar porque el barco del nearshoring no espera a nadie.
*CEO en Global Meetings and Tourism Specialist. Consejero de grupos y empresas privadas; es uno de los principales líderes en la industria MICE en México y Latinoamérica.






