Hay congresos que se recuerdan por una conferencia, una sede o una cifra; y hay otros que dejan la sensación de que algo está cambiando. El XXXII Congreso Nacional de la Industria de Reuniones (CNIR), realizado del 9 al 12 de septiembre en Querétaro, tuvo un poco de ambos: más que hablar sólo del crecimiento de la industria, puso sobre la mesa los cambios que ya están modificando la manera de organizar, vivir y medir los eventos.






Convocados por el Consejo Mexicano de la Industria de Reuniones (COMIR), más de 800 profesionales —entre organizadores, recintos, destinos, hoteles, proveedores y representantes de asociaciones— llegaron al Querétaro Centro de Congresos para encontrarse, hacer negocio y conversar sobre lo que sigue para una industria que representa más de 443 mil millones de pesos al año y alrededor de 1.84% del PIB nacional.
La IA está cambiando las reglas
La tecnología ocupó un lugar importante en el programa, desde la conferencia magistral de Marcio Aguiar, director de Enterprise de NVIDIA para América Latina, hasta talleres y sesiones dedicadas a inteligencia artificial y nuevas herramientas para diseñar experiencias.


Pero la conversación fue más allá de preguntarse qué puede hacer la IA. La pregunta que ganó terrero fue otra: ¿qué vamos a hacer nosotros con ella?
Para una industria acostumbrada a resolver muchas variables al mismo tiempo, automatizar procesos, analizar información y agilizar tareas representa una oportunidad. Pero también quedó claro que la tecnología no reemplaza una parte esencial de los encuentros: escuchar, negociar, entender necesidades y generar relaciones.


El CNIR también ocurre en los pasillos
Durante los cuatro días, las citas de negocio y las sesiones educativas compartieron espacio con algo que no aparece en la agenda: los reencuentros. Bastaba caminar por los pasillos del Querétaro Centro de Congresos para encontrar colegas que se ponían al día, conversaciones que continuaban después de una sesión y encuentros espontáneos entre profesionales de distintos puntos del país.



Una de las actividades más esperadas fue Jeopardi 2.0. El tradicional juego que divide a la industria en cuatro bandos —verde, amarillo, azul y rojo— incorporó este año tecnología a la dinámica dirigida por Bruno Arcos. El ganador fue el team amarillo, que celebró con viajes a Los Cabos y una porra que se escuchó en todo el salón: “el amarillo tiene brillo”.



Competitividad: tarea de toda la industria
La profesionalización fue otro de los temas relevantes en el CNIR. Un ejemplo fue León, que se convirtió en el primer destino de México en obtener el Certificado de Competitividad Global de PCO Meetings.


El proceso involucró a hoteles, DMCs, meeting planners, prestadores especializados, Poliforum León y autoridades locales; es decir, a distintos eslabones de la cadena de valor. De los 20 participantes evaluados, 16 alcanzaron el puntaje requerido bajo ocho ejes rectores.

Con ello, León mostró que la competitividad de un destino ya no sólo recae en un recinto o en una buena campaña de promoción. Depende de que todo el ecosistema esté preparado para responder a las expectativas de los organizadores.
El impacto de la geopolítica
Una de las charlas que generó mayor interés fue la de Eduardo Chaillo, global general manager para Latinoamérica de Maritz, quien habló sobre la relación entre geopolítica e industria de reuniones.
Entre los puntos que planteó está la importancia de la percepción que un destino genera en el exterior. Atraer congresos internacionales no depende únicamente de contar con recintos, hoteles y conectividad; también implica generar confianza y ofrecer experiencias consistentes.


«Los eventos pueden ser, además, una forma de acercamiento entre países. Quien llega a México por un congreso conoce un destino, su gastronomía y su cultura, además de establecer relaciones profesionales que pueden mantenerse después del evento», aseguró Chaillo.
Querétaro, gran anfitrión
El estado ha encontrado en la industria de reuniones una vía para diversificar su actividad turística y económica. Actualmente reporta más de 11 mil eventos al año y una derrama superior a 16 mil millones de pesos.



Durante el CNIR, Querétaro mostró parte de esa infraestructura, pero también su oferta gastronómica y de hospitalidad. Los asistentes conocimos espacios como la Casona de los Cinco Patios, Viñedos Tierra de Alonso, Hacienda La Solariega y Hacienda San Antonio El Battán.
Oaxaca, próximo capítulo
El CNIR 2026 terminó con una estafeta que ya apunta al siguiente capítulo. Oaxaca será sede del Congreso en 2027, con una expectativa de más de 800 profesionales y una derrama superior a 25 millones de pesos.




Más que cerrar una edición, el cambio de sede recordó que la industria está en movimiento permanente. Los destinos compiten, se profesionalizan, incorporan tecnología, buscan medir su impacto y necesitan entender mejor a un viajero de negocios que también está cambiando.



¡Gracias Querétaro! Nos vemos en CNIR 2027, en Oaxaca.






