Por: *Alejandro Escalalante

El Mundial detiene oficinas, une conversaciones y convierte cualquier espacio en una celebración colectiva. Por eso, no sorprende que muchas empresas quieran llevar esa energía a sus eventos corporativos: proyectar el partido durante una convención, integrarlo en un congreso o incluso usarlo como eje de una experiencia para clientes. Pero detrás de esa idea —tan natural como poderosa— existe una línea delgada entre una activación memorable y un riesgo legal que puede afectar a la marca.
En el mundo de los eventos, pocas cosas generan conexión inmediata como el fútbol. Un partido proyectado en el momento correcto puede transformar la dinámica de un evento: rompe el hielo, genera conversación y crea una atmósfera compartida difícil de replicar con cualquier otra actividad.
No es solo entretenimiento, es estrategia emocional.
Sin embargo, lo que muchas marcas pasan por alto es que no todo lo que funciona a nivel experiencia es válido a nivel legal.
En el entorno privado, encender la televisión y ver un partido no implica mayor complejidad. Pero cuando ese mismo contenido se traslada a un evento corporativo —con asistentes, clientes o colaboradores— cambia completamente el contexto. La Ley Federal del Derecho de Autor lo define como comunicación pública. Es decir, ya no se trata de consumo personal, sino de una exhibición ante una audiencia.
Allí está el punto crítico
Aunque la señal provenga de un servicio legal, como televisión de paga, eso no garantiza que exista autorización para proyectarlo en un entorno comercial o corporativo. En muchos casos, ese uso requiere una licencia específica. El problema no es evidente. No hay una alerta inmediata ni una barrera visible, pero los riesgos están allí.
Transmitir un partido sin los derechos adecuados puede derivar en sanciones por uso indebido de contenido. No solo se trata de multas, también puede implicar reclamaciones por parte de los titulares de derechos e incluso afectar la reputación de la empresa, especialmente cuando el evento involucra clientes o exposición pública. Y en un entorno donde las marcas cuidan cada detalle de su imagen, ese tipo de error puede costar más que cualquier producción.

Segundo gran riesgo
No está en la pantalla, sino en la narrativa. Es común que las marcas quieran vincularse con el Mundial mediante campañas, eventos o contenido digital. El problema surge cuando esa vinculación cruza hacia lo que se conoce como ambush marketing: una asociación no autorizada con un evento del que no se es patrocinador oficial.
Utilizar términos, gráficos o mensajes que sugieran una relación directa con el torneo puede generar conflictos con organismos como la FIFA, que protege de forma estricta los derechos comerciales del evento. Y aquí es donde muchas estrategias bien intencionadas se vuelven vulnerables.En la era digital, cualquier evento vive también en redes sociales; lo que sucede en un salón se multiplica en tiempo real en Instagram, LinkedIn o TikTok.
Alcance que amplifica riesgos
Publicar fragmentos del partido, utilizar logotipos oficiales o construir contenido visual directamente ligado al Mundial puede implicar una infracción. Incluso una historia o un video corto pueden ser suficientes para generar un problema. La línea es clara: el contenido del partido no pertenece a la marca, aunque el evento sí.
¿Cómo jugar este partido correctamente?
La respuesta no está en evitar el Mundial, sino en entenderlo desde la estrategia. Las marcas que mejor capitalizan este momento no son las que simplemente transmiten el partido, sino las que construyen experiencias alrededor de la emoción del fútbol, sin depender directamente del contenido protegido. Crear un ambiente temático, generar dinámicas de interacción, diseñar espacios de networking inspirados en la energía del juego… todo eso es válido, potente y, sobre todo, seguro. El secreto está en cambiar el enfoque: no se trata de “usar el Mundial”, sino de interpretar lo que representa.

Jugada inteligente
Integrar el Mundial en un evento corporativo puede ser una de las decisiones más acertadas del año, o un error costoso. La diferencia está en los detalles invisibles:
- entender el marco legal
- respetar los derechos de transmisión
- evitar asociaciones indebidas
- construir una narrativa propia
Porque en el mundo de los eventos, como en el fútbol, no gana quien arriesga sin estrategia, sino quien lee bien el juego, y hoy, ese juego no solo se juega en la cancha, también se juega en el ámbito legal.
*Director General en Paralelo Meetings and Events; expresidente de MPI Mexico Chapter.






