Por: Eduardo Chaillo, CMP, CMM, CITE, CASE

Durante los últimos años hemos escuchado hasta el cansancio la palabra nearshoring. La conversación suele centrarse en manufactura, infraestructura, parques industriales, inversión extranjera y cadenas de suministro. Sin embargo, conforme nos acercamos a la revisión del T-MEC, resulta evidente que el verdadero desafío para Norteamérica no será únicamente productivo.
Será relacional
La integración económica no depende solamente de carreteras, aduanas o reglas de origen. Depende también de la capacidad para generar confianza entre gobiernos, inversionistas, empresas, universidades, asociaciones y ecosistemas productivos. Por ello, el nearshoring debería entenderse no solamente como un fenómeno industrial, sino también como un fenómeno de diplomacia corporativa.
La diplomacia tradicional ocurre entre gobiernos; la diplomacia corporativa ocurre entre empresas, cámaras empresariales, inversionistas, universidades, centros de investigación y líderes sectoriales. Es precisamente en ese terreno donde los congresos, convenciones, exposiciones y foros empresariales adquieren una relevancia extraordinaria. Ninguna cadena de suministro se construye sin relaciones de confianza; ninguna inversión relevante se materializa sin conversaciones previas; ningún ecosistema de innovación surge de manera espontánea.
Ventajas importantes
Antes de las inversiones vienen las conversaciones. Antes de las alianzas vienen los encuentros. Antes de las decisiones vienen las relaciones. México posee ventajas evidentes para participar en esta nueva realidad:
- ubicación geográfica
- integración comercial
- capacidad manufacturera
- talento y experiencia exportadora
Una decisión
Lo que quizá no estamos discutiendo con suficiente profundidad es el papel que puede desempeñar la industria de reuniones para acelerar ese posicionamiento. Mientras muchos países compiten por atraer inversiones mediante incentivos o infraestructura, México tiene una oportunidad adicional: convertirse en la plataforma donde se celebren las conversaciones que darán forma a las nuevas cadenas de valor de América del Norte. Foros especializados en semiconductores, electromovilidad, inteligencia artificial, manufactura avanzada, logística, energía o dispositivos médicos representan mucho más que habitaciones de hotel ocupadas o centros de convenciones llenos. Representan la posibilidad de reunir a quienes toman decisiones.

Aprovechar las ventajas
Durante décadas, destinos como Singapur, Barcelona, Dubái o Las Vegas entendieron que albergar las conversaciones de una industria ayuda también a convertirse en parte relevante de esa industria. Las ciudades que reciben los grandes encuentros globales terminan acumulando algo mucho más valioso que visitantes: conocimiento, relaciones, influencia y reputación.
Visión a futuro
México tiene infraestructura, conectividad y experiencia suficientes para desempeñar ese papel dentro de Norteamérica. Aprovechar plenamente esta oportunidad, sin embargo, requerirá una visión más ambiciosa que la simple captación de eventos. Requerirá identificar sectores estratégicos y trabajar deliberadamente para atraer las reuniones más importantes de cada uno de ellos.
La pregunta para México no es solamente cuántas inversiones logrará captar durante la próxima década. La pregunta es si también aspira a convertirse en el lugar donde se celebren las conversaciones que definirán el futuro económico de Norteamérica. Resulta paradójico que, mientras el país debate intensamente cómo aprovechar el nearshoring, dedique relativamente poca atención a una industria cuya razón de ser consiste precisamente en reunir inversionistas, empresarios, científicos, académicos, innovadores y tomadores de decisiones en un mismo lugar.

T-MEC
Su revisión ofrece una oportunidad excepcional para replantear esa conversación. No se trata únicamente de atraer congresos, convenciones o exposiciones. Se trata de posicionar a México como el espacio donde se construyen las relaciones que darán forma a la próxima etapa de la integración económica regional. Porque las cadenas de suministro pueden trasladarse, las inversiones pueden redirigirse, las ventajas competitivas pueden cambiar; la confianza, en cambio, sigue construyéndose persona a persona y, pocas industrias están tan bien equipadas para facilitar ese proceso, como la nuestra.






